El Caos Del Check-In En Perú: Errores De Portuñol En El Aeropuerto Que Pueden Hacerte Pasar Vergüenza

El Caos Del Check-In En Perú: Errores De Portuñol En El Aeropuerto Que Pueden Hacerte Pasar Vergüenza

Vocabulario:

 

    1. Reto: Situación difícil que requiere esfuerzo o habilidad para superarla.
    2. Mostrador: Es el lugar o mesa en un aeropuerto, hotel o tienda donde los empleados atienden a las personas.
    3. Sin embargo: Expresión que se usa para mostrar contraste o una idea diferente a la anterior.
    4. Pantalla: Superficie electrónica donde aparecen imágenes o información.
    5. Equipaje de mano: Es la maleta o mochila pequeña que el pasajero puede llevar dentro del avión.
    6. Mientras: Se usa para hablar de dos acciones que ocurren al mismo tiempo.
    7. Frunció el ceño: Significa juntar las cejas para mostrar preocupación, duda o enojo.
    8. Apellido: Es el nombre de la familia que aparece después del nombre de una persona.
    9. Embarazada: Una mujer embarazada es una mujer que está esperando un bebé.
    10. Vergüenza: Sentimiento incómodo que aparece cuando una persona se equivoca o se siente expuesta frente a otros.
    11. Tarjetas de embarque: Documento que permite a los pasajeros subir al avión.

    Cada año, miles de brasileños viajan a Perú. Es un destino cercano, accesible y culturalmente fascinante.

    Si estás planificando tu viaje, puedes consultar información oficial sobre turismo en Perú en Peru Travel🔗

    Pero hay un pequeño problema: muchos creen que pueden “improvisar” el español usando portuñol. Y el aeropuerto es el peor lugar para hacerlo.

    Esta vez los protagonistas son Lucas y Mariana. Después de unas vacaciones increíbles, llegó el reto final del viaje: el mostrador de facturación del aeropuerto. 

    ¿El resultado? Una carrera contra el reloj y una confusión lingüística muy vergonzosa.

    La Historia: Sin maletas, pero con mucha vergüenza 

    El regreso a Brasil prometía ser tranquilo. Sin embargo, Lucas y Mariana llegaron al aeropuerto con el tiempo justo.

    Al llegar al mostrador de la aerolínea, una azafata con cara de pocos amigos les pidió sus pasaportes.

    —Buenas tardes. ¿Tienen maletas para facturar? —preguntó ella, mirando la pantalla.

    —No, no —se apresuró a decir Lucas, levantando su pequeña mochila—. Solo llevamos equipaje de mano. Viajamos ligeros.

    —Muy bien. Pongan el equipaje de mano en la balanza, por favor.

    Mientras pesaban las mochilas, la azafata frunció el ceño.

    —Señor, no encuentro su reserva. ¿Me puede decir su apellido, por favor?

    El error con el apellido

    Lucas sonrió. Le parecía simpático que la aerolínea quisiera saber cómo le llamaban sus amigos de confianza.

    —Ah, claro. Me dicen «Luquiñas».

    La azafata se detuvo y lo miró confundida.

    —¿Perdón? ¿Su apellido es Luquiñas? Aquí en el pasaporte dice «Lucas Silva».

    —¡Ah! —Lucas se puso rojo como un tomate—. Pensé que preguntaba por mi apelido (apodo). Sí, mi apellido es Silva.

    Mientras tanto, Mariana, que estaba detrás, empezó a ponerse nerviosa. Faltaba poco para el vuelo.

    Se le cayó el bolso al intentar buscar su propio documento. Al levantarse, sintió que debía disculparse por la demora y su torpeza ante la azafata.

    Cuando “embarazada” no significa “avergonzada”

    —Disculpe, señorita —dijo Mariana, con su mejor sonrisa de disculpa—. Es que estoy muy embarazada con esta situación.

    De repente, se hizo un silencio absoluto en el mostrador

    La azafata abrió los ojos como platos. Su tono profesional cambió inmediatamente a uno maternal y dulce.

    —¡Ay, señora! ¡Haberlo dicho antes! —La azafata salió del mostrador—. ¡Por favor, abran paso! ¡Prioridad para la futura mamá! ¿De cuántos meses está?

    Lucas miró a Mariana. Mariana miró a Lucas.

    —¿Meses? —preguntó Mariana, sin entender—. No, yo solo tengo vergüenza

    Fue entonces cuando Lucas recordó la clase de español que se había saltado Mariana: Embarazada no es Envergonhada.

    Tras aclarar el malentendido (y pasar aún más vergüenza real), la azafata les entregó sus documentos rápidamente.

    —Tomen sus tarjetas de embarque. Tienen que correr, el vuelo sale por la puerta número 4 y el abordaje termina en diez minutos. ¡Corran!

    Finalmente, Lucas y Mariana agarraron su equipaje de mano y salieron disparados buscando los carteles de «Salidas Internacionales».

    Mientras corrían, se prometieron estudiar más español antes del próximo viaje.

    ¿Quieres más historias de viajes?

    Si te gustó esta anécdota, no te pierdas la historia del tour contratado en Perú, donde otro grupo de brasileños tuvo sus propios problemas con el idioma al contratar un tour (lee aquí la historia de «Viajar Por Perú y Hablar Español»🔗).

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    Actividad de vocabulario

    Actividad de comprensión de lectura

    Día De La Mujer En El Trabajo: La Historia Que Casi Nadie Escucha En La Oficina

    Día De La Mujer En El Trabajo: La Historia Que Casi Nadie Escucha En La Oficina

    Vocabulario:

     

      1. Empezar: Dar inicio a una acción o a un momento, como una reunión, un proyecto o una jornada de trabajo.
      2. Mientras: Palabra que indica que dos cosas ocurren al mismo tiempo.
      3. Encender: Prender o activar algo, como una computadora, una pantalla o una luz en la oficina.
      4. Sin embargo: Expresión que introduce una idea opuesta o diferente a lo que se dijo antes.
      5. Ascensos: Cambios positivos en el trabajo en los que una persona obtiene un cargo más alto, más responsabilidades o mejor salario.
      6. Hogar: El lugar donde una persona vive y descansa, asociado a la vida personal y familiar.
      7. Todavía: Palabra que indica que algo no ha cambiado o no ha ocurrido, aunque se espera que suceda.
      8. Oficina: Lugar donde las personas trabajan, se reúnen, escriben correos, toman decisiones y pasan gran parte de su día laboral.
      9. Recordar: Traer a la mente una experiencia, una situación o una idea del pasado.

      ¿Podemos empezar?

      —¿Podemos empezar? —dijo alguien desde la cabecera de la mesa.

      Ana levantó la vista de su cuaderno. Había llegado cinco minutos antes, como siempre. Tenía las ideas claras, los números revisados y una propuesta que había afinado durante semanas. Mientras los demás terminaban el café, ella repasaba mentalmente lo que iba a decir.

      Si trabajas en una oficina, probablemente esta escena no te resulte extraña. De hecho, tal vez incluso te recuerde a una reunión de esta semana.

      Cuando el proyector se encendió, apareció la presentación. Título grande, gráficos perfectos y, en la diapositiva final, la frase de siempre: “Resultados del equipo”.

      Entonces Ana esperó, pero su nombre no apareció.

      No era la primera vez. 

      “Eso mismo iba a decir yo”

      —Creo que deberíamos enfocarnos en este punto —dijo Ana, señalando una de las cifras.

      Por un momento, hubo un breve silencio. Nadie respondió de inmediato. Sin embargo, dos minutos después, Marcos retomó la idea, casi con las mismas palabras.

      —Exacto, eso mismo —dijo el jefe—. Buen punto.

      ¿Te pasó alguna vez? ¿Lo viste pasar con una compañera? En realidad, esa es una de las formas más comunes —y menos evidentes— de la invisibilización de las mujeres profesionales.

      Cuando se habla del Día de la mujer en el trabajo, muchas personas piensan en hechos históricos lejanos, en fábricas del siglo pasado o en derechos básicos conquistados. No obstante, la historia también se escribe en escenas pequeñas, cotidianas y casi imperceptibles.

      Además, no es solo una impresión. Este tipo de situaciones sigue ocurriendo hoy en distintos contextos laborales (puedes leer un ejemplo aquí🔗)

      Antes de la oficina, antes del título

      Mucho antes de que existieran cargos, ascensos y evaluaciones de desempeño, las mujeres ya trabajaban. Lo hacían sin contrato, sin reconocimiento y, muchas veces, sin salario.

      Ese trabajo sostenía hogares, economías y comunidades enteras, pero no figuraba en los libros ni en los discursos oficiales. No tenía nombre.

      Por eso el Día de la mujer en el trabajo no surge como una celebración vacía. Surge como una respuesta a siglos de trabajo invisible. A una historia contada a medias.

      Tal vez por eso, todavía hoy, muchas mujeres sienten que tienen que demostrar un poco más, explicar un poco mejor y justificar un poco más fuerte su lugar en el mundo laboral.

      “Parabéns pelo dia de hoje”

      El 8 de marzo llegó con un correo electrónico.

      Parabéns pelo Dia da Mulher! —decía el asunto.

      Había emojis, una imagen con flores y una frase inspiradora al final. Ana lo leyó. Mariana también, desde otra oficina, en otro barrio, en otra empresa.

      —Qué lindo gesto —pensó Mariana—. Ojalá no fuera solo hoy.

      Porque el Día de la mujer en el trabajo dura 24 horas. Sin embargo la invisibilización no entiende de calendarios. Está en las interrupciones constantes, en los elogios genéricos, en las oportunidades que llegan tarde o no llegan.

      En Brasil, como en muchos otros lugares, las mujeres están cada vez más presentes en el mundo laboral. Sin embargo, presencia no siempre significa visibilidad.

      “La idea fue de Ana”

      Algo cambió el día que alguien habló.

      —La idea fue de Ana —dijo una colega, casi sin levantar la voz, pero con firmeza.

      No hubo aplausos. No fue un gran momento cinematográfico. Pero Ana sonrió.

      A veces, el cambio empieza así: con alguien que nombra. Con alguien que reconoce en voz alta lo que antes se decía en silencio.

      La historia del Día de la mujer en el trabajo también se construye con estas pequeñas correcciones cotidianas. Con decisiones conscientes dentro de reuniones normales, en oficinas comunes, con personas reales.

      Esta historia no termina aquí

      Al final del día, Ana guarda su cuaderno. Mariana apaga la computadora. Mañana habrá otra reunión, otro correo, otra oportunidad de ser vista… o no.

      Y ahora te pregunto a ti, que llegaste hasta aquí: ¿cuántas veces viste esta historia sin darte cuenta? ¿Cuántas veces participaste de ella sin querer?

      El Día de la mujer en el trabajo no es solo una fecha para recordar. Es una invitación a mirar mejor lo que pasa todos los días en el mundo laboral. Y a veces, esas escenas continúan fuera de la oficina, cuando la vida personal irrumpe en medio de una reunión (puedes leer otra historia aquí🔗).

      Si esta historia te resultó real, compártela. Coméntala. Nombra a las mujeres que trabajan contigo. Porque a veces, hacer visible también es una forma de cambiar la historia.

      Actividad de vocabulario

      Actividad de comprensión de lectura

      Perdidas En El Carnaval De Río De Janeiro: Una Historia De Idioma, Miedo Y Buena Onda

      Perdidas En El Carnaval De Río De Janeiro: Una Historia De Idioma, Miedo Y Buena Onda

      Vocabulario:

       

        1. Acera: parte de la calle por donde caminan las personas.
        2. Buena onda: actitud amable, positiva y cercana hacia los demás.
        3. Burlarse: reírse de alguien de forma hiriente o despectiva.
        4. Disfraz: ropa y accesorios usados para parecer otra persona o cosa.
        5. Mejilla: parte del rostro entre la nariz y la oreja.
        6. Persianas: paneles o láminas que se bajan o suben para cerrar ventanas o locales.
        7. Bailar: moverse siguiendo el ritmo de la música.
        8. Recuerdo: imagen o idea que vuelve a la mente desde el pasado.
        9. Calles: vías públicas por donde circulan personas y vehículos.
        10. Abrocharse: cerrar una prenda con botones, broches o cierre.

        El día empezó como empiezan muchos viajes: con maletas abiertas sobre la cama y mucha expectativa.
        Así, entre risas nerviosas y café tibio del aeropuerto, Valentina, Camila y Rosario dejaron Santiago rumbo a Brasil. No venían a “conocer un país”, al menos no en abstracto. Venían a algo muy concreto: vivir el carnaval de Río de Janeiro.

        Tú que estás aprendiendo español, quizás ya viajaste así alguna vez. Con expectativas altas, idioma parecido… y la certeza ingenua de que “más o menos” se entiende todo.

        Llegar a Río no es llegar a la mansa calma

        Recién llegadas a Río y todavía medio perdidas, fueron directo al módulo de información del aeropuerto, donde las atenderían en español, y preguntaron por la programación del carnaval. Entonces les revelaron un tesoro: la página oficial de turismo de Río, lo que les produjo la sensación de que el carnaval ya había empezado..

        La ciudad las abrazó sin pedir permiso: calor pegajoso, bocinas, música que parecía salir de todas partes al mismo tiempo. Desde el taxi, miraban por la ventana como quien mira una película sin subtítulos.

        —Es hermoso… pero caótico —dijo Rosario, intentando abrocharse el cinturón que no encontraba.

        El conductor, con una sonrisa amplia, habló rápido. Muy rápido. Las tres se miraron. Español no era. Pero tampoco era tan distinto. Modo “portuñol” activado, pensaron.

        El primer choque no fue el idioma. Fue el ritmo. En Chile todo les parecía ahora más ordenado, más silencioso. Aquí, incluso el semáforo parecía bailar.

        Cuando el carnaval no espera a que entiendas

        El segundo día salieron disfrazadas sin mucha planificación, como manda el carnaval y el cansancio. Una iba vestida de frutas tropicales, con colores por todos lados. Otra llevaba flores grandes y llamativas, tantas que parecía un jardín ambulante. La tercera parecía un pájaro tropical, con plumas ligeras y tonos verdes y azules que se movían incluso cuando no había viento. No querían destacar… pero el carnaval tenía otros planes.

        Buscaban una comparsa famosa, de esas que “todo el mundo” recomienda y nadie sabe explicar bien cómo llegar. Tenían la dirección guardada, claro. Lo que no tenían era celular con internet.

        Caminaron varias cuadras más. La música empezó a sonar como un recuerdo. Las calles se veían más vacías. Persianas cerradas, grafitis antiguos, un silencio extraño para una ciudad que, hasta hacía cinco minutos, no dejaba de bailar.

        Ahí apareció el miedo. Ese miedo pequeño, educado, que no grita, pero aprieta el estómago y hace sudar más que el calor. No era peligro real. Era desconcierto. Y para unas turistas chilenas en Brasil, disfrazadas de fruta, flor y ave exótica, eso pesa un poco más.

        —Volvamos —propuso Rosario—. Esto no parece carnaval.

        Justo en ese momento, cuando el pájaro estaba a punto de perder las plumas, escucharon tambores. Lejanos, pero vivos.

        Una comparsa, un gesto y la primera vez en el carnaval

        De una esquina salió un grupo de personas bailando. Era una comparsa de barrio: colorida, desordenada, auténtica. Al frente, un hombre las miró, notó su cara de duda y se acercó sonriendo.

        —”Vocês estão perdidas, né?”

        No entendieron todo, pero entendieron lo suficiente.

        Sin grandes discursos ni héroes improvisados, el hombre caminó con ellas, les explicó por dónde ir, las integró a la comparsa durante unas cuadras. Alguien les ofreció agua. Otra persona les pintó una estrella de glitter  en la mejilla.

        No fue un rescate de película. Fue algo más real: alguien que decidió ayudar.

        Turistas chilenas en Brasil, aprendiendo a soltarse

        En el bloco, el sonido era ensordecedor. Los cuerpos, demasiados. El agua, urgente.
        Alguien les explicó, entre risas, que el glitter no se quita fácil. Otra persona les mostró por qué la cerveza se toma rápido, antes de que se vuelva caldo. Una mujer mayor les acomodó el disfraz sin pedir permiso, como si eso también viniera incluido en el carnaval.

        No todo fue perfecto. Se cansaron. Por unos minutos se perdieron entre ellas. Se frustraron al no poder decir exactamente lo que pensaban. La primera vez en el carnaval también incluye perder el control… y recuperarlo después.

        Pero nadie las miró raro por hablar diferente. Nadie se burló. Al contrario: cuanto más se equivocaban, más ayuda aparecía. En pleno carnaval de Río de Janeiro, descubrieron algo inesperado: nadie parecía tener prisa por terminar la conversación.

        La última noche, sentadas en la acera, con los pies doloridos y el maquillaje corrido, entendieron algo simple: no dominaron el idioma, no entendieron todo y no pasó ningún milagro. Pero entre sonrisas, gestos, ayuda inesperada y esa buena onda tan brasileña, descubrieron que muchas cosas se dicen sin palabras y que, a veces, la verdadera comunicación empieza justo ahí.

        No era la primera vez que el idioma les hacía ese guiño cultural. Algo parecido le había pasado a una alumna de la profesora Albanys, cuando viajó a Chile y escuchó expresiones como “bendiciones”, “ojalá” o “si Dios quiere”: palabras que dicen mucho más de lo que aparentan y que cambian de sentido según el lugar y la gente que las dice, como ya contamos en este otro texto del blog🔗

        Y tú, ¿cuándo fue la última vez que sentiste que alguien te entendía, incluso sin decirlo todo con palabras?

        Actividad de vocabulario

        Actividad de comprensión de lectura

        Viajar Por Perú Y Hablar Español: Errores, Risas Y Un Tour Contratado

        Viajar Por Perú Y Hablar Español: Errores, Risas Y Un Tour Contratado

        Vocabulario:

         

          1. Todavía: Indica que algo continúa o no ha cambiado hasta este momento.
          2. Hondo: Profundo; también se usa para hablar de una respiración profunda.
          3. Pisco sour: Bebida alcohólica típica de Perú.
          4. Hacia: Preposición que indica dirección o destino.
          5. Fruncir el ceño: Juntar las cejas para mostrar duda, preocupación o confusión.
          6. Efectivo: Dinero en billetes o monedas.
          7. Tarjeta: Medio de pago bancario, como tarjeta de débito o crédito.
          8. Jugar una mala pasada: Causar un problema o confusión inesperada.
          9. Calle: Vía pública por donde caminan las personas y circulan los vehículos.
          10. Asentir: decir que sí o mostrar acuerdo, normalmente moviendo la cabeza. 

          La noche anterior había sido una mala idea… y ellos lo sabían.
          Primero, pisco sour tras pisco sour. Luego, música en vivo, risas fáciles y esa sensación peligrosa de mañana vemos.

          Al día siguiente, frente a una agencia de turismo en Lima, los tres brasileños pagaban el precio: ojeras, café urgente y un español que todavía estaba despertando.

          Querían contratar un paseo, pero tenían que hablar en español.
          Por suerte, el agente los recibió con una sonrisa profesional.

          —Buenos días, ¿en qué puedo ayudarlos?

          Ana respiró hondo.

          —Queremos hacer un tour… algo para conocer los lugares de Lima.

          La primera propuesta: demasiado optimista

          —Tengo una excelente opción —dijo el agente—: salida a las cinco de la mañana hacia Paracas y Huacachina. Islas Ballestas, desierto, sandboard… regreso a las diez de la noche.

          Marcos tragó saliva.

          —Cinco de la mañana… —repitió, más para sí que para el agente.

          Entonces, se inclinaron apenas hacia atrás y hablaron entre ellos.

          Nem ferrando —murmuró Joana.
          Depois de ontem… e se hoje for igual? —respondió Marcos.
          A gente não acorda nem se o hotel pegar fogo —dijo Ana.

          Al final, volvieron al español con una sonrisa educada.

          —Creo que no —dijo Ana—. Es muy temprano para nosotros.

          El agente asintió, como si ya lo supiera.

          La segunda propuesta… y el primer malentendido

          —Entonces les propongo un tour por la ciudad —continuó—. Centro histórico, Miraflores, Barranco. Además, comienza a las diez de la mañana.

          Eso sonaba mucho mejor.
          De hecho, era el tipo de recorrido que uno suele encontrar cuando busca información general sobre las propuestas turísticas del país, como las que aparecen en el sitio oficial de turismo de Perú 🔗

          —¿Incluye… eh… los “ingresos”? —preguntó Marcos, muy seguro de sí.

          El agente frunció el ceño.

          —¿Los ingresos?

          Ana sintió el calor subirle a la cara. Algo no estaba bien.

          —Sí… los ingresos… para entrar a los lugares —insistió Marcos, mientras hacía gestos con las manos.

          El agente negó con suavidad.

          —No entiendo, perdón.

          Se miraron.
          Silencio breve.
          Entonces cambiaron de idioma.

          Ingressos! —susurró Joana—. A gente falou errado.
          Não é ingresos… —dijo Ana—. Como é mesmo?
          Entradas! —respondió Marcos, aliviado.

          Esta vez volvieron al español pero un poco más lentos.

          —Perdón —dijo Ana—. Queríamos saber si incluye las entradas a los museos.

          —Ah, sí —sonrió el agente—. Incluye todas las entradas.

          Por fín respiraron tranquilos. Una palabra menos para temer.

          Aceptar, rechazar y decidir

          —¿Y hay tiempo libre? —preguntó Joana.

          —Sí, una hora en Barranco —respondió el agente—. Para caminar, comer algo, lo que quieran.

          Eso era exactamente lo que buscaban.

          Así que se miraron. Esta vez no hubo duda.

          —Sí —dijo Marcos—. Vamos a aceptar ese tour.

          El agente empezó a llenar los datos con rapidez.

          El segundo falso amigo: cuando “cancelar” cambia todo

          —Perfecto —dijo—. ¿Y cómo desean cancelar?

          El aire se detuvo.

          —¿Cancelar? —preguntó Ana—. Pero… ya dijimos que sí.

          El agente abrió los ojos, sorprendido.

          —No, no —aclaró enseguida—. Cancelar el pago. ¿Efectivo o tarjeta?

          Ellos se quedaron mirándolo un segundo más… y entonces rieron.

          —Ah… —dijo Joana—. Pensamos otra cosa.
          —Nos asustamos, pensamos que era desistir —confesó Marcos.

          En realidad, no era la primera vez que una palabra “conocida” les jugaba una mala pasada.
          Ana recordó entonces la historia de Gustavo y el susto que se llevó por confiarse demasiado de un falso amigo en español, esa que había leído tiempo atrás en el blog de Larara 🔗
          Esta vez, por suerte, todo terminó en risas.

          Viajar también es aprender a preguntar

          Pagaron, guardaron los comprobantes y salieron a la calle con una sensación nueva.
          No de dominio del idioma, sino de confianza.

          Porque no hablaron perfecto. Confundieron palabras, tradujeron mentalmente, se corrigieron… Pero preguntaron, se rieron y siguieron.

          Aprender español para viajar no es evitar errores, sino saber qué hacer cuando aparecen.

          Y ahora te pregunto a ti: cuando viajas y hablas español, ¿qué palabra “parecida al portugués” te ha metido en más problemas?

           

          ¡Hasta la próxima!

          Actividad de vocabulario

          Actividad de comprensión de lectura

          Robos Modernos: Cuando El Vecino Te Roba El Internet Y Pones La Denuncia

          Robos Modernos: Cuando El Vecino Te Roba El Internet Y Pones La Denuncia

          Vocabulario:

          1. Vecino: Persona que vive en una casa o apartamento al lado o cerca de la tuya.
          2. Comisaría: Oficina de la policía donde se ponen las denuncias y donde trabajan los agentes.
          3. Quejas: Expresiones o palabras con las que una persona muestra su inconformidad o disgusto por algo.
          4. Señal: La conexión o la comunicación que permite que la tecnología funcione (como el celular, la televisión o el internet).
          5. Apagar: Detener o interrumpir el funcionamiento de un aparato.
          6. Encender/prender: Iniciar o comenzar el funcionamiento de un aparato (hacer que funcione).
          7. Rato: Un periodo o espacio de tiempo corto, pero indefinido.
          8. Asomar: Mover una parte del cuerpo, generalmente la cabeza, para mirar por una ventana o una puerta.
          9. Derecho/derechito: Ir en línea recta, directamente a un lugar, sin desviarse o detenerse.
          10. Contraseña: Una combinación secreta de letras, números o símbolos que se usa para verificar la identidad de un usuario y darle acceso a una cuenta, dispositivo o red (como el Wi-Fi).
          11. Quedarse de brazos cruzados: Expresión que significa no hacer nada ante un problema o situación.
          12. Hay gato encerrado: Expresión que se usa cuando existe algo oculto, una razón secreta o una intención no muy honesta o sospechosa.

          ¿Alguna vez el internet te ha fallado justo en el momento más emocionante de una serie?

          A mi tía le pasó algo así… pero ella no se quedó de brazos cruzados.

          En esta historia descubrirás cómo terminó en la comisaría denunciando el robo de su Wi-Fi.

          Además de reírte, aprenderás vocabulario y expresiones muy útiles sobre tecnología, quejas y denuncias en español.

          El otro día mi tía me contó: 

          Ay, hija, tú no sabes lo que me pasó la semana pasada.
          Resulta que estaba en mi casa, tan tranquila, viendo mi novela favorita en el celular —porque en la tele solo pasan fútbol, y yo de eso no entiendo nada—, cuando de repente la señal se fue. El internet estaba más lento que tortuga con sueño.

          Intenté todo: apagué y volví a encender, le grité al router, esperé un rato… y nada. No funcionaba.
          Al día siguiente pasó otra vez. Y al siguiente también. Entonces yo dije: “Aquí como que hay gato encerrado”.

          Empecé a observar con atención, y me di cuenta de que cada vez que mi vecino de al lado prendía la televisión, mi Wi-Fi desaparecía. ¡Desaparecía, hija! Como por arte de magia.
          Yo me asomé por la ventana y lo vi ahí, con una sonrisa sospechosa, viendo videos en su computadora.

          En ese momento lo supe: ¡me estaba robando el internet!

          Así que tomé mi bolso, apagué la estufa y me fui derechito a la comisaría.
          Entré muy decidida y le dije al agente:
          — Buenos días, vengo a poner una denuncia.
          El agente me miró serio y preguntó:
          — ¿Qué le han robado, señora?
          — ¡El Wi-Fi, agente! ¡Me lo roban todos los días a las seis de la tarde!

          El hombre trató de aguantar la risa, pero yo estaba muy indignada.
          — Mire, señora —me dijo—, eso no es exactamente un robo; quizá se conectaron a su red sin permiso.
          — ¡Pues eso es un robo tecnológico! —le respondí—. Y quiero que me devuelvan mis megas.

          Al final, el agente me explicó cómo cambiar la contraseña y ponerle un nombre diferente a la red.
          Ahora mi Wi-Fi se llama “Atrévete y te denuncio”, y desde entonces nadie más se ha conectado.
          Y yo, feliz, volví a ver mi novela sin interrupciones.

          Y hasta aquí la historia de hoy.
          Si te gustó, compártela o cuéntame en los comentarios qué harías tú si descubres a tu vecino robándote el Wi-Fi.
          ¡Hasta la próxima historia… y que tu Wi-Fi esté siempre de tu lado!

          Actividad de vocabulario

          Actividad de comprensión de lectura