Lulú Y La Mudanza A Curitiba: El Viaje Que Parecía No Terminar Nunca
Vocabulario:
- Sin embargo: expresión usada para mostrar una oposición o contraste entre dos ideas.
- Mientras: palabra que indica que dos acciones ocurren al mismo tiempo.
- Rincón: esquina o parte pequeña y apartada de un lugar.
- Incertidumbre: falta de seguridad sobre lo que va a pasar.
- Maleta: objeto usado para guardar ropa y cosas al viajar.
- Cajas: recipientes, generalmente de cartón, usados para guardar o transportar objetos.
- Ladrar: hacer el sonido típico de los perros.
- Ventana: abertura en una pared que deja entrar luz y aire.
- Olores: aromas que percibimos con la nariz.
- Olía: forma del verbo oler; significa que algo tenía un aroma o perfume.
- Aburrimiento: sensación de falta de interés o diversión.
- Ascensor: aparato que transporta personas o cosas entre diferentes pisos de un edificio.
- Hogar: lugar donde una persona vive y se siente cómoda y segura.
Para escuchar
Lulú ya había vivido muchas aventuras. Había cruzado ciudades, conocido lugares nuevos y me había acompañado en momentos difíciles y emocionantes. De hecho, si quieres conocer algunas historias de Lulú, te las comparto en este link 🔗.
Sin embargo, aquella mañana en Foz do Iguazú parecía diferente.
Ella lo notó primero por el movimiento: pasos de un lado para otro, puertas abriéndose y personas cargando cosas mientras entraban y salían de la casa.
Después comenzó la desaparición: mi cama desapareció, la mesa desapareció. Hasta aquellas plantas que tanto le molestaban —porque ocupaban el mejor lugar cerca de la ventana— desaparecieron una por una.
Lulú observaba todo desde un rincón de la sala, con cara de investigadora profesional.
“Otra vez no…”, pensaba.
Porque, según su experiencia, cuando las cosas empezaban a desaparecer de la casa, una nueva aventura estaba por comenzar. Y una aventura significaba incertidumbre, pero también significaba paseo, así que eso la confundía muchísimo.
El carro brillante y el gran viaje a Curitiba
Entonces ocurrió algo todavía más extraño: apareció un carro precioso, que brillaba tanto que Lulú lo observó con desconfianza, como si fuera un animal gigante estacionado frente a la casa.
Las cajas comenzaron a entrar al carro: maletas, cobijas, bolsas… Más cajas, más maletas.
Mientras tanto, Lulú caminaba detrás de nosotros intentando parecer la perrita más educada del planeta: nada de ladrar, nada de hacer escándalo y, sobre todo, nada de robar comida.
Porque tenía una preocupación muy importante: “¿Y si no me dejan entrar?”
Pero, al mismo tiempo, otra idea no dejaba de pasar por su cabeza: “¿Y si este es el paseo más increíble del mundo?”
Hasta que finalmente escuchó las palabras mágicas:
— ¡Ven, Lulú!
Y ahí fue. Entró al carro rapidísimo, antes de que alguien cambiara de opinión.
El Paseo que parecía no terminar nunca
Al principio, el viaje era maravilloso: viento entrando por la ventana, olores nuevos y camiones enormes pasando al lado. Todo parecía emocionante.
Pero después de mucho tiempo… muchísimo tiempo… Lulú comenzó a sospechar algo terrible: el viaje no terminaba nunca.
Dormía un poco, se despertaba, miraba por la ventana y se acomodaba otra vez… Y nada. Más curvas, más carros, más camiones.
De hecho, aunque tomamos todas las perversiones posibles para que Lulú viajase cómoda 🔗, despues de algunas horas, el aburrimiento empezó a ser tan grande que, en un momento, incluso comenzó a arrepentirse de haber entrado al carro.
“Tal vez este paseo dure para siempre…”, pensó dramáticamente.
La llegada al nuevo apartamento en Curitiba
Pero entonces el carro finalmente se detuvo.
Lulú levantó la cabeza inmediatamente.
Todo olía diferente. Había edificios altos, personas desconocidas y, lo más importante de todo… ¡un parque para perros!
Sus ojos brillaron de emoción.
Además, descubrió algo que, desde que vivía en Recife, no había vuelto a ver: un ascensor. Aquella caja que se tragaba personas y luego las devolvía en otro lugar le parecía bastante sospechosa. Pero aún así, entró.
Cuando la puerta del apartamento se abrió, Lulú observó todo en silencio.
Había cajas abiertas por todas partes, bolsas, objetos fuera de lugar y cobijas tiradas. En fin, un desorden enorme.
Mientras tanto, nosotros caminábamos de un lado para otro intentando organizar las cosas, y ella aprovechaba para olfatear cada rincón del nuevo apartamento.
Definitivamente, aquel lugar todavía no parecía un hogar. Sin embargo, tenía algo diferente: nadie estaba haciendo maletas para irse otra vez.
Y tal vez… solo tal vez… Después de tantas mudanzas, aviones, carreteras y viajes, aquel desorden significaba el comienzo de algo nuevo.
Tal vez significaba que finalmente íbamos a quedarnos.
Aprende español con Lulú
En El blog de Larara, las historias de Lulú te ayudan a aprender español de forma divertida y natural.
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