Perdidas En El Carnaval De Río De Janeiro: Una Historia De Idioma, Miedo Y Buena Onda

Perdidas En El Carnaval De Río De Janeiro: Una Historia De Idioma, Miedo Y Buena Onda

Vocabulario:

 

    1. Acera: parte de la calle por donde caminan las personas.
    2. Buena onda: actitud amable, positiva y cercana hacia los demás.
    3. Burlarse: reírse de alguien de forma hiriente o despectiva.
    4. Disfraz: ropa y accesorios usados para parecer otra persona o cosa.
    5. Mejilla: parte del rostro entre la nariz y la oreja.
    6. Persianas: paneles o láminas que se bajan o suben para cerrar ventanas o locales.
    7. Bailar: moverse siguiendo el ritmo de la música.
    8. Recuerdo: imagen o idea que vuelve a la mente desde el pasado.
    9. Calles: vías públicas por donde circulan personas y vehículos.
    10. Abrocharse: cerrar una prenda con botones, broches o cierre.

    El día empezó como empiezan muchos viajes: con maletas abiertas sobre la cama y mucha expectativa.
    Así, entre risas nerviosas y café tibio del aeropuerto, Valentina, Camila y Rosario dejaron Santiago rumbo a Brasil. No venían a “conocer un país”, al menos no en abstracto. Venían a algo muy concreto: vivir el carnaval de Río de Janeiro.

    Tú que estás aprendiendo español, quizás ya viajaste así alguna vez. Con expectativas altas, idioma parecido… y la certeza ingenua de que “más o menos” se entiende todo.

    Llegar a Río no es llegar a la mansa calma

    Recién llegadas a Río y todavía medio perdidas, fueron directo al módulo de información del aeropuerto, donde las atenderían en español, y preguntaron por la programación del carnaval. Entonces les revelaron un tesoro: la página oficial de turismo de Río, lo que les produjo la sensación de que el carnaval ya había empezado..

    La ciudad las abrazó sin pedir permiso: calor pegajoso, bocinas, música que parecía salir de todas partes al mismo tiempo. Desde el taxi, miraban por la ventana como quien mira una película sin subtítulos.

    —Es hermoso… pero caótico —dijo Rosario, intentando abrocharse el cinturón que no encontraba.

    El conductor, con una sonrisa amplia, habló rápido. Muy rápido. Las tres se miraron. Español no era. Pero tampoco era tan distinto. Modo “portuñol” activado, pensaron.

    El primer choque no fue el idioma. Fue el ritmo. En Chile todo les parecía ahora más ordenado, más silencioso. Aquí, incluso el semáforo parecía bailar.

    Cuando el carnaval no espera a que entiendas

    El segundo día salieron disfrazadas sin mucha planificación, como manda el carnaval y el cansancio. Una iba vestida de frutas tropicales, con colores por todos lados. Otra llevaba flores grandes y llamativas, tantas que parecía un jardín ambulante. La tercera parecía un pájaro tropical, con plumas ligeras y tonos verdes y azules que se movían incluso cuando no había viento. No querían destacar… pero el carnaval tenía otros planes.

    Buscaban una comparsa famosa, de esas que “todo el mundo” recomienda y nadie sabe explicar bien cómo llegar. Tenían la dirección guardada, claro. Lo que no tenían era celular con internet.

    Caminaron varias cuadras más. La música empezó a sonar como un recuerdo. Las calles se veían más vacías. Persianas cerradas, grafitis antiguos, un silencio extraño para una ciudad que, hasta hacía cinco minutos, no dejaba de bailar.

    Ahí apareció el miedo. Ese miedo pequeño, educado, que no grita, pero aprieta el estómago y hace sudar más que el calor. No era peligro real. Era desconcierto. Y para unas turistas chilenas en Brasil, disfrazadas de fruta, flor y ave exótica, eso pesa un poco más.

    —Volvamos —propuso Rosario—. Esto no parece carnaval.

    Justo en ese momento, cuando el pájaro estaba a punto de perder las plumas, escucharon tambores. Lejanos, pero vivos.

    Una comparsa, un gesto y la primera vez en el carnaval

    De una esquina salió un grupo de personas bailando. Era una comparsa de barrio: colorida, desordenada, auténtica. Al frente, un hombre las miró, notó su cara de duda y se acercó sonriendo.

    —”Vocês estão perdidas, né?”

    No entendieron todo, pero entendieron lo suficiente.

    Sin grandes discursos ni héroes improvisados, el hombre caminó con ellas, les explicó por dónde ir, las integró a la comparsa durante unas cuadras. Alguien les ofreció agua. Otra persona les pintó una estrella de glitter  en la mejilla.

    No fue un rescate de película. Fue algo más real: alguien que decidió ayudar.

    Turistas chilenas en Brasil, aprendiendo a soltarse

    En el bloco, el sonido era ensordecedor. Los cuerpos, demasiados. El agua, urgente.
    Alguien les explicó, entre risas, que el glitter no se quita fácil. Otra persona les mostró por qué la cerveza se toma rápido, antes de que se vuelva caldo. Una mujer mayor les acomodó el disfraz sin pedir permiso, como si eso también viniera incluido en el carnaval.

    No todo fue perfecto. Se cansaron. Por unos minutos se perdieron entre ellas. Se frustraron al no poder decir exactamente lo que pensaban. La primera vez en el carnaval también incluye perder el control… y recuperarlo después.

    Pero nadie las miró raro por hablar diferente. Nadie se burló. Al contrario: cuanto más se equivocaban, más ayuda aparecía. En pleno carnaval de Río de Janeiro, descubrieron algo inesperado: nadie parecía tener prisa por terminar la conversación.

    La última noche, sentadas en la acera, con los pies doloridos y el maquillaje corrido, entendieron algo simple: no dominaron el idioma, no entendieron todo y no pasó ningún milagro. Pero entre sonrisas, gestos, ayuda inesperada y esa buena onda tan brasileña, descubrieron que muchas cosas se dicen sin palabras y que, a veces, la verdadera comunicación empieza justo ahí.

    No era la primera vez que el idioma les hacía ese guiño cultural. Algo parecido le había pasado a una alumna de la profesora Albanys, cuando viajó a Chile y escuchó expresiones como “bendiciones”, “ojalá” o “si Dios quiere”: palabras que dicen mucho más de lo que aparentan y que cambian de sentido según el lugar y la gente que las dice, como ya contamos en este otro texto del blog🔗

    Y tú, ¿cuándo fue la última vez que sentiste que alguien te entendía, incluso sin decirlo todo con palabras?

    Actividad de vocabulario

    Actividad de comprensión de lectura

    Viajar Por Perú Y Hablar Español: Errores, Risas Y Un Tour Contratado

    Viajar Por Perú Y Hablar Español: Errores, Risas Y Un Tour Contratado

    Vocabulario:

     

      1. Todavía: Indica que algo continúa o no ha cambiado hasta este momento.
      2. Hondo: Profundo; también se usa para hablar de una respiración profunda.
      3. Pisco sour: Bebida alcohólica típica de Perú.
      4. Hacia: Preposición que indica dirección o destino.
      5. Fruncir el ceño: Juntar las cejas para mostrar duda, preocupación o confusión.
      6. Efectivo: Dinero en billetes o monedas.
      7. Tarjeta: Medio de pago bancario, como tarjeta de débito o crédito.
      8. Jugar una mala pasada: Causar un problema o confusión inesperada.
      9. Calle: Vía pública por donde caminan las personas y circulan los vehículos.
      10. Asentir: decir que sí o mostrar acuerdo, normalmente moviendo la cabeza. 

      La noche anterior había sido una mala idea… y ellos lo sabían.
      Primero, pisco sour tras pisco sour. Luego, música en vivo, risas fáciles y esa sensación peligrosa de mañana vemos.

      Al día siguiente, frente a una agencia de turismo en Lima, los tres brasileños pagaban el precio: ojeras, café urgente y un español que todavía estaba despertando.

      Querían contratar un paseo, pero tenían que hablar en español.
      Por suerte, el agente los recibió con una sonrisa profesional.

      —Buenos días, ¿en qué puedo ayudarlos?

      Ana respiró hondo.

      —Queremos hacer un tour… algo para conocer los lugares de Lima.

      La primera propuesta: demasiado optimista

      —Tengo una excelente opción —dijo el agente—: salida a las cinco de la mañana hacia Paracas y Huacachina. Islas Ballestas, desierto, sandboard… regreso a las diez de la noche.

      Marcos tragó saliva.

      —Cinco de la mañana… —repitió, más para sí que para el agente.

      Entonces, se inclinaron apenas hacia atrás y hablaron entre ellos.

      Nem ferrando —murmuró Joana.
      Depois de ontem… e se hoje for igual? —respondió Marcos.
      A gente não acorda nem se o hotel pegar fogo —dijo Ana.

      Al final, volvieron al español con una sonrisa educada.

      —Creo que no —dijo Ana—. Es muy temprano para nosotros.

      El agente asintió, como si ya lo supiera.

      La segunda propuesta… y el primer malentendido

      —Entonces les propongo un tour por la ciudad —continuó—. Centro histórico, Miraflores, Barranco. Además, comienza a las diez de la mañana.

      Eso sonaba mucho mejor.
      De hecho, era el tipo de recorrido que uno suele encontrar cuando busca información general sobre las propuestas turísticas del país, como las que aparecen en el sitio oficial de turismo de Perú 🔗

      —¿Incluye… eh… los “ingresos”? —preguntó Marcos, muy seguro de sí.

      El agente frunció el ceño.

      —¿Los ingresos?

      Ana sintió el calor subirle a la cara. Algo no estaba bien.

      —Sí… los ingresos… para entrar a los lugares —insistió Marcos, mientras hacía gestos con las manos.

      El agente negó con suavidad.

      —No entiendo, perdón.

      Se miraron.
      Silencio breve.
      Entonces cambiaron de idioma.

      Ingressos! —susurró Joana—. A gente falou errado.
      Não é ingresos… —dijo Ana—. Como é mesmo?
      Entradas! —respondió Marcos, aliviado.

      Esta vez volvieron al español pero un poco más lentos.

      —Perdón —dijo Ana—. Queríamos saber si incluye las entradas a los museos.

      —Ah, sí —sonrió el agente—. Incluye todas las entradas.

      Por fín respiraron tranquilos. Una palabra menos para temer.

      Aceptar, rechazar y decidir

      —¿Y hay tiempo libre? —preguntó Joana.

      —Sí, una hora en Barranco —respondió el agente—. Para caminar, comer algo, lo que quieran.

      Eso era exactamente lo que buscaban.

      Así que se miraron. Esta vez no hubo duda.

      —Sí —dijo Marcos—. Vamos a aceptar ese tour.

      El agente empezó a llenar los datos con rapidez.

      El segundo falso amigo: cuando “cancelar” cambia todo

      —Perfecto —dijo—. ¿Y cómo desean cancelar?

      El aire se detuvo.

      —¿Cancelar? —preguntó Ana—. Pero… ya dijimos que sí.

      El agente abrió los ojos, sorprendido.

      —No, no —aclaró enseguida—. Cancelar el pago. ¿Efectivo o tarjeta?

      Ellos se quedaron mirándolo un segundo más… y entonces rieron.

      —Ah… —dijo Joana—. Pensamos otra cosa.
      —Nos asustamos, pensamos que era desistir —confesó Marcos.

      En realidad, no era la primera vez que una palabra “conocida” les jugaba una mala pasada.
      Ana recordó entonces la historia de Gustavo y el susto que se llevó por confiarse demasiado de un falso amigo en español, esa que había leído tiempo atrás en el blog de Larara 🔗
      Esta vez, por suerte, todo terminó en risas.

      Viajar también es aprender a preguntar

      Pagaron, guardaron los comprobantes y salieron a la calle con una sensación nueva.
      No de dominio del idioma, sino de confianza.

      Porque no hablaron perfecto. Confundieron palabras, tradujeron mentalmente, se corrigieron… Pero preguntaron, se rieron y siguieron.

      Aprender español para viajar no es evitar errores, sino saber qué hacer cuando aparecen.

      Y ahora te pregunto a ti: cuando viajas y hablas español, ¿qué palabra “parecida al portugués” te ha metido en más problemas?

       

      ¡Hasta la próxima!

      Actividad de vocabulario

      Actividad de comprensión de lectura

      Robos Modernos: Cuando El Vecino Te Roba El Internet Y Pones La Denuncia

      Robos Modernos: Cuando El Vecino Te Roba El Internet Y Pones La Denuncia

      Vocabulario:

      1. Vecino: Persona que vive en una casa o apartamento al lado o cerca de la tuya.
      2. Comisaría: Oficina de la policía donde se ponen las denuncias y donde trabajan los agentes.
      3. Quejas: Expresiones o palabras con las que una persona muestra su inconformidad o disgusto por algo.
      4. Señal: La conexión o la comunicación que permite que la tecnología funcione (como el celular, la televisión o el internet).
      5. Apagar: Detener o interrumpir el funcionamiento de un aparato.
      6. Encender/prender: Iniciar o comenzar el funcionamiento de un aparato (hacer que funcione).
      7. Rato: Un periodo o espacio de tiempo corto, pero indefinido.
      8. Asomar: Mover una parte del cuerpo, generalmente la cabeza, para mirar por una ventana o una puerta.
      9. Derecho/derechito: Ir en línea recta, directamente a un lugar, sin desviarse o detenerse.
      10. Contraseña: Una combinación secreta de letras, números o símbolos que se usa para verificar la identidad de un usuario y darle acceso a una cuenta, dispositivo o red (como el Wi-Fi).
      11. Quedarse de brazos cruzados: Expresión que significa no hacer nada ante un problema o situación.
      12. Hay gato encerrado: Expresión que se usa cuando existe algo oculto, una razón secreta o una intención no muy honesta o sospechosa.

      ¿Alguna vez el internet te ha fallado justo en el momento más emocionante de una serie?

      A mi tía le pasó algo así… pero ella no se quedó de brazos cruzados.

      En esta historia descubrirás cómo terminó en la comisaría denunciando el robo de su Wi-Fi.

      Además de reírte, aprenderás vocabulario y expresiones muy útiles sobre tecnología, quejas y denuncias en español.

      El otro día mi tía me contó: 

      Ay, hija, tú no sabes lo que me pasó la semana pasada.
      Resulta que estaba en mi casa, tan tranquila, viendo mi novela favorita en el celular —porque en la tele solo pasan fútbol, y yo de eso no entiendo nada—, cuando de repente la señal se fue. El internet estaba más lento que tortuga con sueño.

      Intenté todo: apagué y volví a encender, le grité al router, esperé un rato… y nada. No funcionaba.
      Al día siguiente pasó otra vez. Y al siguiente también. Entonces yo dije: “Aquí como que hay gato encerrado”.

      Empecé a observar con atención, y me di cuenta de que cada vez que mi vecino de al lado prendía la televisión, mi Wi-Fi desaparecía. ¡Desaparecía, hija! Como por arte de magia.
      Yo me asomé por la ventana y lo vi ahí, con una sonrisa sospechosa, viendo videos en su computadora.

      En ese momento lo supe: ¡me estaba robando el internet!

      Así que tomé mi bolso, apagué la estufa y me fui derechito a la comisaría.
      Entré muy decidida y le dije al agente:
      — Buenos días, vengo a poner una denuncia.
      El agente me miró serio y preguntó:
      — ¿Qué le han robado, señora?
      — ¡El Wi-Fi, agente! ¡Me lo roban todos los días a las seis de la tarde!

      El hombre trató de aguantar la risa, pero yo estaba muy indignada.
      — Mire, señora —me dijo—, eso no es exactamente un robo; quizá se conectaron a su red sin permiso.
      — ¡Pues eso es un robo tecnológico! —le respondí—. Y quiero que me devuelvan mis megas.

      Al final, el agente me explicó cómo cambiar la contraseña y ponerle un nombre diferente a la red.
      Ahora mi Wi-Fi se llama “Atrévete y te denuncio”, y desde entonces nadie más se ha conectado.
      Y yo, feliz, volví a ver mi novela sin interrupciones.

      Y hasta aquí la historia de hoy.
      Si te gustó, compártela o cuéntame en los comentarios qué harías tú si descubres a tu vecino robándote el Wi-Fi.
      ¡Hasta la próxima historia… y que tu Wi-Fi esté siempre de tu lado!

      Actividad de vocabulario

      Actividad de comprensión de lectura

      Niños, Tráfico Y Una Reunión Decisiva: Crónica De Un Caos Con Final Feliz

      Niños, Tráfico Y Una Reunión Decisiva: Crónica De Un Caos Con Final Feliz

      Vocabulario:

      1. Coche: vehículo con motor que sirve para transportar personas.
      2. Embotellamiento: cuando hay tantos autos en la calle que el tráfico se queda casi parado.
      3. Siesta: un descanso o sueño corto después de almorzar.
      4. Grúa: máquina o vehículo que levanta o arrastra cosas pesadas, como autos dañados.
      5. Taller: lugar donde se arreglan o reparan autos u otros objetos.
      6. A toda prisa: hacer algo muy rápido, con urgencia.
      7. Varado: quedarse detenido sin poder avanzar, por ejemplo un coche dañado en la calle.
      8. Jugar una mala pasada: causar un problema o engañar a alguien de forma inesperada.

      Esa mañana parecía un reto olímpico: Clara, ejecutiva y madre de dos niños, tenía que llevar a sus hijos a la escuela y luego llegar al trabajo para una reunión muy importante. Ya iba bastante atrasada pensando en los documentos, las presentaciones y, claro, en las preguntas que harían sus jefes.

      Pero el coche tenía otros planes. Justo en medio del embotellamiento comenzó a hacer un ruido extraño, como si estuviera roncando en medio de una siesta. Ella intentó ignorarlo, giró la radio para disimular… hasta que el motor se apagó y no quiso encender más.

      Los niños, desde el asiento de atrás, lanzaban frases como:
      —¡Mamá, vamos a llegar tarde a la escuela!
      —¡Yo te dije que ese coche sonaba raro!

      Ella respiró hondo (y por dentro pensó en gritar), pero sacó su teléfono: llamó a la grúa, avisó al taller mecánico y cruzó los dedos.

      Cuando la grúa apareció, se sintió como si llegara un héroe en medio del caos. Ella entregó el coche, pidió un taxi a toda prisa, dejó a los niños en la escuela y, sorprendentemente, ¡llegó justo a tiempo para su reunión!

      Al final del día, la ejecutiva pensó: “Si sobreviví a un coche varado en pleno embotellamiento con niños y aún llegué a tiempo, ya nada me detiene”.

      Y tú, ¿alguna vez tu coche te ha jugado una mala pasada justo cuando estabas más apurado? ¡Cuéntame en los comentarios!

      Actividad de vocabulario

      Actividad de comprensión de lectura

      Yo No Creo En Brujas, Pero De Que Vuelan, Vuelan

      Yo No Creo En Brujas, Pero De Que Vuelan, Vuelan

      Vocabulario:

       

      1. Bruja: Mujer malvada que, según cuentos o supersticiones, tiene poderes mágicos.
      2. Vuela: Acción de moverse por el aire.
      3. Aunque: Conector que indica contraste o concesión; significa “a pesar de que”.
      4. Duda: Falta de certeza sobre algo.
      5. Escaleras: Construcción con peldaños que sirve para subir o bajar de un nivel a otro.
      6. Paraguas: Objeto que sirve para protegerse de la lluvia.
      7. Calle: Vía urbana por donde circulan personas y vehículos.
      8. Ráfaga de viento: Golpe fuerte y repentino de aire.
      9. Se apagaron: Acción de dejar de producir luz o fuego; dejar de funcionar una fuente de iluminación.
      10. Ponerse la carne de gallina: Reacción del cuerpo cuando la piel se eriza, generalmente por frío, miedo o emoción intensa.

        Andrés y Mateo crecieron en una pequeña ciudad del interior, en la cual la gente repetía con frecuencia un refrán muy curioso: “Yo no creo en brujas, pero de que vuelan, vuelan.” Lo usaban de manera metafórica para decir que, aunque uno no crea del todo en algo, siempre queda la duda… y, por si acaso, más vale no desafiar lo inexplicable.

        Andrés y Mateo formaron personalidades muy distintas: el primero confiaba ciegamente en la ciencia y siempre decía que todo tenía explicación lógica, mientras el segundo era de los que tocaba madera tres veces antes de dar un paso importante, nunca pasaba por debajo de una escalera ni abría un paraguas dentro de casa.  Pero no por eso dejaron de ser amigos. 

        Una noche de octubre, los dos regresaban caminando a casa después de cenar. La calle estaba oscura, solo iluminada por faroles que parpadeaban como si jugaran a asustar.

        —¿Sabías que hoy es luna llena? —dijo Mateo con un aire misterioso.
        —¿Y? —respondió Andrés, rodando los ojos—. La luna llena solo sirve para que la gente invente cuentos.
        —Pues yo no estaría tan seguro… —replicó Mateo—. Yo no creo en brujas, pero de que vuelan, vuelan.

        Andrés soltó una risa irónica. Estaba a punto de soltar otra frase sarcástica cuando, de repente, una ráfaga de viento helado recorrió la calle y se apagaron tres faroles al mismo tiempo. En ese instante, una sombra enorme cruzó volando por encima de sus cabezas.

        Mateo pegó un grito y se agarró del brazo de Andrés.
        —¡¿La viste?!
        Andrés, que siempre tenía respuestas para todo, se quedó mudo. Sintió cómo se le ponía la carne de gallina desde los pies hasta la nuca.
        —S-seguro fue… un pájaro… —balbuceó.
        —¡¿Un pájaro del tamaño de una bruja?! —contestó Mateo, sin soltarle el brazo.

        El resto del camino lo hicieron en silencio, caminando rapidito, como si la sombra pudiera volver.

        Al llegar a la puerta de su casa, Andrés respiró hondo, miró a su amigo y, todavía pálido, murmuró:
        —Está bien… sigo sin creer en brujas… pero de que vuelan, vuelan.

        Lo irónico es que, mientras la gente del pueblo usaba el refrán de manera metafórica, Andrés lo acababa de usar literalmente, con toda la carne de gallina incluida.

        ¿Y tú, qué opinas?
        ¿Eres más como Andrés, que busca siempre una explicación lógica, o como Mateo, que prefiere no tentar a la suerte?
        Cuéntamelo en los comentarios.

        Actividad de vocabulario

        Actividad de comprensión de lectura