Vocabulario:
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- Todavía: Indica que algo continúa o no ha cambiado hasta este momento.
- Hondo: Profundo; también se usa para hablar de una respiración profunda.
- Pisco sour: Bebida alcohólica típica de Perú.
- Hacia: Preposición que indica dirección o destino.
- Fruncir el ceño: Juntar las cejas para mostrar duda, preocupación o confusión.
- Efectivo: Dinero en billetes o monedas.
- Tarjeta: Medio de pago bancario, como tarjeta de débito o crédito.
- Jugar una mala pasada: Causar un problema o confusión inesperada.
- Calle: Vía pública por donde caminan las personas y circulan los vehículos.
- Asentir: decir que sí o mostrar acuerdo, normalmente moviendo la cabeza.
Para escuchar
La noche anterior había sido una mala idea… y ellos lo sabían.
Primero, pisco sour tras pisco sour. Luego, música en vivo, risas fáciles y esa sensación peligrosa de mañana vemos.
Al día siguiente, frente a una agencia de turismo en Lima, los tres brasileños pagaban el precio: ojeras, café urgente y un español que todavía estaba despertando.
Querían contratar un paseo, pero tenían que hablar en español.
Por suerte, el agente los recibió con una sonrisa profesional.
—Buenos días, ¿en qué puedo ayudarlos?
Ana respiró hondo.
—Queremos hacer un tour… algo para conocer los lugares de Lima.
La primera propuesta: demasiado optimista
—Tengo una excelente opción —dijo el agente—: salida a las cinco de la mañana hacia Paracas y Huacachina. Islas Ballestas, desierto, sandboard… regreso a las diez de la noche.
Marcos tragó saliva.
—Cinco de la mañana… —repitió, más para sí que para el agente.
Entonces, se inclinaron apenas hacia atrás y hablaron entre ellos.
—Nem ferrando —murmuró Joana.
—Depois de ontem… e se hoje for igual? —respondió Marcos.
—A gente não acorda nem se o hotel pegar fogo —dijo Ana.
Al final, volvieron al español con una sonrisa educada.
—Creo que no —dijo Ana—. Es muy temprano para nosotros.
El agente asintió, como si ya lo supiera.
La segunda propuesta… y el primer malentendido
—Entonces les propongo un tour por la ciudad —continuó—. Centro histórico, Miraflores, Barranco. Además, comienza a las diez de la mañana.
Eso sonaba mucho mejor.
De hecho, era el tipo de recorrido que uno suele encontrar cuando busca información general sobre las propuestas turísticas del país, como las que aparecen en el sitio oficial de turismo de Perú 🔗
—¿Incluye… eh… los “ingresos”? —preguntó Marcos, muy seguro de sí.
El agente frunció el ceño.
—¿Los ingresos?
Ana sintió el calor subirle a la cara. Algo no estaba bien.
—Sí… los ingresos… para entrar a los lugares —insistió Marcos, mientras hacía gestos con las manos.
El agente negó con suavidad.
—No entiendo, perdón.
Se miraron.
Silencio breve.
Entonces cambiaron de idioma.
—Ingressos! —susurró Joana—. A gente falou errado.
—Não é ingresos… —dijo Ana—. Como é mesmo?
—Entradas! —respondió Marcos, aliviado.
Esta vez volvieron al español pero un poco más lentos.
—Perdón —dijo Ana—. Queríamos saber si incluye las entradas a los museos.
—Ah, sí —sonrió el agente—. Incluye todas las entradas.
Por fín respiraron tranquilos. Una palabra menos para temer.
Aceptar, rechazar y decidir
—¿Y hay tiempo libre? —preguntó Joana.
—Sí, una hora en Barranco —respondió el agente—. Para caminar, comer algo, lo que quieran.
Eso era exactamente lo que buscaban.
Así que se miraron. Esta vez no hubo duda.
—Sí —dijo Marcos—. Vamos a aceptar ese tour.
El agente empezó a llenar los datos con rapidez.
El segundo falso amigo: cuando “cancelar” cambia todo
—Perfecto —dijo—. ¿Y cómo desean cancelar?
El aire se detuvo.
—¿Cancelar? —preguntó Ana—. Pero… ya dijimos que sí.
El agente abrió los ojos, sorprendido.
—No, no —aclaró enseguida—. Cancelar el pago. ¿Efectivo o tarjeta?
Ellos se quedaron mirándolo un segundo más… y entonces rieron.
—Ah… —dijo Joana—. Pensamos otra cosa.
—Nos asustamos, pensamos que era desistir —confesó Marcos.
En realidad, no era la primera vez que una palabra “conocida” les jugaba una mala pasada.
Ana recordó entonces la historia de Gustavo y el susto que se llevó por confiarse demasiado de un falso amigo en español, esa que había leído tiempo atrás en el blog de Larara 🔗
Esta vez, por suerte, todo terminó en risas.
Viajar también es aprender a preguntar
Pagaron, guardaron los comprobantes y salieron a la calle con una sensación nueva.
No de dominio del idioma, sino de confianza.
Porque no hablaron perfecto. Confundieron palabras, tradujeron mentalmente, se corrigieron… Pero preguntaron, se rieron y siguieron.
Aprender español para viajar no es evitar errores, sino saber qué hacer cuando aparecen.
Y ahora te pregunto a ti: cuando viajas y hablas español, ¿qué palabra “parecida al portugués” te ha metido en más problemas?
¡Hasta la próxima!







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