Cuando El Portuñol Ya No Es Suficiente: Una Historia Real Sobre Hablar Español En El Trabajo
Una historia cotidiana sobre hablar español en el trabajo, el uso del “portuñol” y las excusas que surgen cuando el micrófono se enciende.
Videoconferência de trabalho com participantes em silêncio e mensagem no chat perguntando se podem falar em espanhol.
Cuando El Portuñol Ya No Es Suficiente: Una Historia Real Sobre Hablar Español En El Trabajo
Una historia cotidiana sobre hablar español en el trabajo, el uso del “portuñol” y las excusas que surgen cuando el micrófono se enciende.

Vocabulario:

  1. Lunes: primer día de la semana laboral.
  2. Suelen: indica algo que pasa habitualmente.
  3. Empiezan: comienzan, dan inicio a algo.
  4. Tibio: ni frío ni caliente.
  5. Correo: mensaje escrito que se envía por email.
  6. Molestó: causó incomodidad, enojo o disgusto.
  7. Aunque: palabra que introduce una idea opuesta o un contraste.
  8. Despacio: con lentitud, sin prisa.

    Los lunes, en el departamento de Recursos Humanos, solían comenzar igual: café tibio, correos pendientes y una sensación vaga de que alguien, en algún momento del día, iba a justificar algo. Martín Ferreira, psicólogo del área, lo intuía desde temprano. Algo no estaba del todo bien.

    Todo había comenzado en una videollamada. Como de costumbre, el equipo se comunicó en un español apoyado en el «portuñol», con frases a medio camino y aclaraciones constantes. El cliente fue paciente durante la reunión y, al final, pidió que las próximas reuniones fueran en español para no perder tiempo reformulando y tratando de entender.

    Al final, no es solo un tema de idioma, sino de cómo somos en el trabajo y cómo nos comunicamos. Como compartí en el post: De Chismes y Siestas: El Secreto del Éxito en la Oficina de Teresa🔗

    Nadie se molestó ni discutió; pero algo incómodo quedó flotando en el aire. Porque, aunque escribir en español no era el problema, hablarlo en tiempo real sí lo era.

    Fue entonces cuando empezaron a aparecer las excusas. El español estaba presente en todos los procesos, pero ausente en muchas conversaciones. Casi siempre venía acompañado de justificaciones elegantes que hacían más fácil no usarlo.

    Para Martín, aquello no era nuevo. Desde la universidad conocía bien la teoría de la desconexión moral de Albert Bandura 🔗: los mecanismos mentales que usamos para justificar lo que hacemos —o dejamos de hacer— sin sentirnos mal por ello.

    Aquella mañana tenía ocho reuniones individuales. No eran evaluaciones ni advertencias, sino encuentros para escuchar. Y escuchar, pensaba Martín, casi siempre revelaba más de lo que la gente creía.

    Primera reunión: Paula y las buenas intenciones

    Paula fue la primera en entrar. Era organizada, eficiente y segura de sí misma.
    —Prefiero no usar español para evitar errores —dijo—. Así cuido la relación con el cliente.

    Martín asintió, pero identificó de inmediato la justificación moral: evitar el idioma se convertía en un acto responsable.
    —¿Y qué pasa cuando el cliente espera una respuesta en español? —preguntó.

    Paula dudó. El silencio dijo más que cualquier explicación.

    Segunda reunión: Ricardo y las palabras suaves

    Ricardo llegó sonriente.
    —Yo no evito el español —aclaró—. Solo lo adapto.

    “Adaptar”, pensó Martín. Lenguaje eufemístico. Una forma elegante de no decir no puedo.
    —¿Adaptar es explicar todo en portugués esperando que el otro entienda? —preguntó.

    Ricardo rió, incómodo.
    —Bueno… algo así.

    Tercera reunión: Fernanda y la comparación tranquilizadora

    Fernanda fue directa:
    —Al menos yo intento. Hay gente que ni siquiera eso hace.

    Martín reconoció la comparación ventajosa. Siempre hay alguien peor que permite sentirse mejor con lo que uno hace —o evita hacer—.

    Psicólogo de Recursos Humanos conversando com uma funcionária em uma reunião individual sobre comunicação e trabalho no escritório.

    Cuarta reunión: João y la responsabilidad compartida

    João habló con alivio:
    —Acá todos hacemos lo mismo. Nadie usa español todo el tiempo.

    Difusión de la responsabilidad, pensó Martín. Cuando somos muchos, nadie lo es del todo.

    Quinta reunión: Lucía y lo que “no es tan grave”

    Lucía se sentó con calma.
    —Nunca pasó nada serio por eso. No hubo reclamos formales.

    Martín identificó la minimización de las consecuencias. Si el daño no se ve, parece no existir.

    Sexta reunión: Carlos y la decisión que siempre viene de arriba

    Carlos fue claro:
    —Nunca fue una exigencia explícita de la empresa.

    Desplazamiento de la responsabilidad. La decisión siempre estaba en otro lugar, nunca en uno mismo.

    Séptima reunión: Ana y la culpa invertida

    Ana cerró con una frase conocida:
    —Si el cliente se molesta, también podría ser más comprensivo.

    Martín no dudó: culpar a la víctima. Un mecanismo sutil, pero eficaz.

    Octava reunión: Marcos y el cliente abstracto

    Marcos entró apurado y no llegó a sentarse del todo.
    —Al final, el cliente sabe cómo somos —dijo—. Si trabaja con Brasil, tiene que adaptarse.

    Martín no anotó nada. No hacía falta. Ahí estaba la deshumanización.
    —¿Adaptarse cómo? —preguntó.
    —Entendiendo —respondió Marcos—. Que acá hablamos así.

    Cuando el español empieza a ocupar su lugar

    En la reunión final, Martín no abrió ninguna presentación ni citó teorías. Habló despacio.

    —No estamos discutiendo si saben o no saben español —dijo—. Estamos viendo cómo cada uno se explica por qué no lo usa, incluso cuando el trabajo lo necesita.

    Hubo silencio.
    —El idioma no es un mérito extra —continuó—. Tampoco una exigencia repentina. Es parte de lo que hacemos todos los días.

    No habló de fluidez ni de perfección. Habló de aprender, de avanzar de forma progresiva y de asumir que el español no aparece solo, pero tampoco pide milagros.

    Después de esa conversación, nada cambió de un día para otro. Hubo correos que costaron más, reuniones con pausas largas y frases torcidas. Sin embargo, algo sí cambió: el español dejó de ser una excusa elegante.

    Pasó a ser lo que siempre había sido: una herramienta que se construye con tiempo, constancia y un poco de honestidad con uno mismo.

    Y ahora que llegaste hasta aquí, dime tú:
    ¿qué excusa para no hablar español en el trabajo reconociste mientras leías esta historia?

    A veces, ponerle nombre ya es una forma de empezar a soltarla.

    Actividad de vocabulario

    Actividad de comprensión de lectura

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