Vocabulario:
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- Abuela: Madre del padre o de la madre.
- Sin embargo: Palabra que se usa para mostrar contraste o algo contrario a lo anterior (pero).
- Miró: Acción de ver o observar algo.
- Asintió: Movió la cabeza para decir “sí” o mostrar acuerdo.
- Mala pava: Expresión que significa mala suerte o energía negativa.
- Tocó la puerta: Golpeó suavemente la puerta para avisar que quiere entrar.
- Lista: Preparada para hacer algo.
- Manija: Parte de la puerta que se usa para abrirla o cerrarla.
- Asomándose: Mostrando solo una parte del cuerpo, generalmente la cabeza, para mirar.
- Cerró: Del verbo CERRAR, que es lo contrario de abrir.
- Regaló: Dio algo a otra persona como obsequio.
Para escuchar
Al principio, Luzmarina pensó que el día de su boda sería tranquilo, pero no.
—¡Levántate con el pie derecho! —ordenó la abuela Carmela desde la puerta.
Desde el primer momento, todo cambió. Sin margen de negociación, Luzmarina entendió que ese día no solo se trataba de casarse… sino de respetar, una por una, las supersticiones en las bodas que su abuela llevaba décadas defendiendo.
El vestido, el velo… y lo que no se puede romper
—El velo no es adorno —dijo Carmela, ajustándolo con precisión. —Es protección.
Entonces, Luzmarina se miró al espejo, esta vez completa, pero con cuidado.
—Y recuerda: algo nuevo, algo viejo, algo prestado y algo azul.
—Abuela… eso ya lo tengo.
Ahora sí, Carmela asintió, satisfecha.
Mientras tanto, su amiga intentaba ayudar con la organización desde el celular:
—No te preocupes, amiga, la boda se planificó paso a paso, tal como indica la página web que me pasaste 🔗
Sin embargo, la abuela no dudó:
—Esas páginas web lo que traen es mala pava —dijo Carmela.
Aun así, Luzmarina respiró profundo.
Justo en ese momento, alguien tocó la puerta.
—¿Luza? ¿Estás lista? —era la voz del novio.
De repente, todo se detuvo.
—¡No abras! —susurró Carmela. Sin embargo, la manija ya se estaba moviendo.
En ese instante, en un movimiento casi coreografiado, Carmela agarró el velo, cubrió a Luzmarina de pies a cabeza y la escondió detrás del armario.
Entonces la puerta se abrió.
—Solo quería… bueno… saber si todo está bien —dijo él, asomándose.
Carmela, firme, ocupó todo el marco de la puerta.
—Todo está perfecto. Y no se te ocurra mirar a la novia ahora, si no quieres arruinar tu matrimonio antes de comenzarlo.
Entonces el novio, nervioso, abrió más los ojos.
—Claro… claro… nos vemos en el altar. —Y cerró la puerta.
Una vez más, se hizo silencio.
Desde detrás del armario, Luzmarina soltó una risa ahogada.
—Abuela… casi.
—Aquí no hay “casi” —respondió Carmela—. Aquí se hacen bien las cosas.
El ramo y una distracción sospechosa
—El ramo es importante —dijo Carmela—. Hay que lanzarlo bien.
—Sí, abuela.
Al principio, todo parecía bajo control. Pero Luzmarina notó algo.
Ahí estaba Carmela, ligeramente apartada, inclinando el celular.
—¿Otra selfie?
—Es para mis seguidoras.
Luzmarina no pudo evitar reír.
De hecho, todo había empezado el día en que ella misma le regaló ese smartphone, sin imaginar hasta dónde llegaría la historia. Si quieres conocer cómo ocurrió, está contada en el blog de Larara 🔗
El momento de caminar
Finalmente, la música empezó.
—Recuerda —susurró Carmela—, él no podía verte antes… ahora sí.
Luzmarina respiró hondo y dio el primer paso.
En ese momento, entendió algo importante: las supersticiones en las bodas no son solo reglas… sino también historias, costumbres y formas de amar, aunque a veces vengan con órdenes incluidas.
Y tú…
Entonces, si tuvieras una abuela como Carmela, ¿seguirías todas sus reglas… o intentarías negociar?
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