Vocabulario:
- Calabaza: Verdura grande, de cáscara dura y pulpa anaranjada.
- Pelar: Quitar la cáscara o la piel de una fruta, una verdura u otro alimento.
- Hervir: Cocinar un alimento en agua u otro líquido muy caliente, hasta que aparezcan burbujas.
- Añadir: Agregar o incorporar un ingrediente a una preparación.
- Licuar: Triturar y mezclar los alimentos con una licuadora hasta obtener una mezcla suave y homogénea.
- Blandito: Que está suave y tierno, porque ya se ha cocinado lo suficiente.
- Espolvorear: Echar un ingrediente en pequeñas cantidades sobre la superficie de un alimento.
- Perejil: Planta aromática de hojas verdes que se utiliza para dar sabor y decorar muchos platos.
Para escuchar
Si ya conoces a la abuela Carmela, sabrás que siempre tiene una forma muy particular de ver el mundo. Si todavía no la conoces, puedes hacerlo aquí 🔗
—Abuela, ¿me enseñas a preparar tu famosa crema de calabaza? Yo encontré una receta en internet 🔗, pero la que tu haces es más sabrosa.
La abuela Carmela levantó la vista del delantal y respondió serenamente, sintiéndose dueña del conocimiento:
—Claro, hija. Es facilísimo.
Entonces, Luzmarina sacó el teléfono para grabar la receta.
—Estoy lista.
—Primero pelas una calabaza mediana. Después cortas todo en trozos grandes y lo pones a hervir con ajo, cebolla y sal.
—Perfecto, — dijo Luzmarina, pensando que todo era muy fácil. Sin embargo, fue entonces cuando comenzaron los problemas.
¿Cuánto es "un poquito"?
—Cuando todo esté blandito, añades un poquito de leche.
—¿Cuánto es "un poquito"?
—Pues... un poquito.
Entonces, Luzmarina levantó la cabeza.
—¿Una taza?
—No.
—¿Media?
—Tampoco.
—¿Entonces?
—Lo que te pida la crema.
Luzmarina suspiró.
La receta sin medidas
Luego continuaron con la receta.
—Ahora licúas todo. Después añades mantequilla.
—¿Cuánta?
—La necesaria.
—¿Y cuánto es "la necesaria"?
—Hasta que el color esté bonito.
Luzmarina dejó de grabar por un momento.
—Abuela... eso no es una cantidad.
—Claro que sí.
—No, eso es un misterio.
Entonces, con ese tono de sabiduría que solo tienen las abuelas, Carmela respondió:
—Las mejores recetas nunca se miden en gramos.
El toque final
Entonces la abuela continuó:
—Por último, sirves la crema y espolvoreas un poco de queso rallado y un poquito de perejil.
Luzmarina respiró profundo.
—Déjame adivinar...
—¿Qué cosa?
—No me vas a decir cuánto queso.
—Pues... el que te diga el corazón.
La nieta paró de grabar, ya un poco desanimada.

—Abuela, ahora entiendo por qué mamá siempre dice que nadie consigue preparar la crema de calabaza igual que tú: no porque guardes un ingrediente secreto, sino porque nunca dices las cantidades.
La abuela volvió a usar su tono de sabiduría:
—Eso se aprende cocinando.
Aquella tarde la crema quedó deliciosa. No porque Luzmarina siguió la receta al pie de la letra, sino porque, después de hacer veinte preguntas, descubrió que algunas recetas también se preparan con experiencia, paciencia... y una abuela que siempre terminaba las instrucciones de la misma manera:
—Pon un poquito más.
¿Y en tu casa cómo cocinan?
¿En tu familia hay alguien que cocina "a ojo", sin medir los ingredientes? ¿O prefieres las recetas con cantidades exactas?
Escribe tu respuesta en los comentarios.







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