Vocabulario:
- Cerca: A poca distancia.
- Lejos: A mucha distancia.
- Todavía: Indica que algo continúa o no ha sucedido hasta este momento.
- Ubicación: Lugar donde está una persona, una cosa o un lugar.
- Asentir: Mover la cabeza de arriba hacia abajo para decir que sí.
- Porche: Espacio cubierto que está delante o al lado de una casa, generalmente con un techo y abierto por los lados.
- Chimenea: Lugar o estructura de una casa donde se hace fuego para calentarla.
- Parrillera: Lugar o estructura donde se prepara carne a la parrilla.
- Alquiler: Acuerdo mediante el cual una persona paga dinero para utilizar un bien, sin convertirse en su propietario.
Para escuchar
Marcelo era brasileño, agente inmobiliario y, desde hacía algunos meses, también estudiaba español. De hecho, ya podía mantener una conversación sencilla con un cliente. Sabía decir cerca, lejos, casa, habitación y otras palabras bastante útiles.
Por eso, aquella mañana no estaba demasiado preocupado cuando recibió a Diego, un cliente paraguayo que buscaba una casa para su familia.
—Tengo algunas opciones que pueden interesarte —le dijo mientras abría las fotos en su computadora.
Sin embargo, todavía no sabía que aquella conversación iba a convertirse en su primera clase de español para agentes inmobiliarios.
Una foto, una pregunta
Marcelo empezó a mostrarle la primera propiedad.
—Esta casa está cerca del centro y tiene tres habitaciones.
—¿Y cómo es la ubicación? —preguntó Diego.
Marcelo no recordaba la palabra ubicación. Así que por un momento, se quedó en silencio. Después, tomó el celular y buscó la traducción.
—Ah, sí. La ubicación es muy buena. Está cerca de un supermercado y de una parada de autobuses, pero lejos de todas las avenidas con tránsito.
Diego asintió y pasó a la siguiente pregunta.
—¿La casa tiene un porche?
Marcelo volvió a mirar el celular: porche, otra palabra que no conocía.
—Sí, exactamente —respondió, intentando disimular su duda.
Y continuó con las fotos.
El celular empezó a convertirse en protagonista
En otra imagen se veía una gran chimenea.
—¿La chimenea funciona?
Marcelo buscó la palabra…
Después apareció una fotografía del jardín.
—¿Tiene parrillera?
Otra búsqueda: parrillera.
A esas alturas, Marcelo comenzaba a sentirse incómodo. No porque no entendiera a Diego. Al contrario: comprendía casi todo lo que decía. El problema era que, cada vez que aparecía una palabra relacionada específicamente con la propiedad, tenía que detener la conversación para consultar el teléfono. Mientras tanto, Diego esperaba. Marcelo buscaba. Después respondía y volvía a pasar las fotos.
Poco a poco, el cliente empezó a sospechar que Marcelo estaba distraído con el celular en lugar de prestarle atención.
Hasta que llegó otra pregunta:
—¿Y esta casa también está disponible para alquiler?
Una vez más, Marcelo consultó el celular antes de responder.
—Sí, también está disponible para alquiler. Perdón, es que mi español todavía no es tan bueno y tengo que buscar algunas palabras.
Diego finalmente entendió lo que estaba sucediendo y sonrió.
—No te preocupes. Tu español está bien. Es que estas palabras son un poco específicas.
Marcelo sonrió también, pero tomó nota mental de aquella observación.

Una venta y una nueva idea
La conversación continuó y, finalmente, Diego decidió quedarse con una de las propiedades.
Sin embargo, después de que el cliente se marchó, no pudo dejar de pensar en la cantidad de veces que había tenido que consultar el teléfono.
Entonces recordó una historia que había leído en el blog de Larara: El bebé que descubrió la verdad sobre el apartamento🔗
La historia le había llamado la atención porque, además de ser divertida, presentaba situaciones y vocabulario relacionados con viviendas.
Quizás esa era una buena manera de estudiar, pensó.
La próxima vez, el celular podría esperar
Antes de irse a casa, Marcelo abrió una hoja y escribió:
ubicación — porche — chimenea — parrillera — alquiler
Después añadió otras palabras que sabía que necesitaba en su trabajo.
A partir de ese momento, decidió estudiar español pensando en las situaciones que vivía como agente inmobiliario.
Además, empezó a mirar anuncios de propiedades en español para observar cómo se describían las casas y los apartamentos. Entre otros sitios, encontró Metrocuadrado🔗, donde podía familiarizarse con ese vocabulario dentro de un contexto real.
Marcelo había cerrado la venta, pero se había llevado algo más importante de aquella conversación: había descubierto que dominar el español para agentes inmobiliarios podía abrirle una nueva oportunidad profesional: atender a más clientes hispanohablantes y, con ello, ampliar sus posibilidades de negocio y aumentar sus comisiones.
Así que decidió que la próxima vez que un cliente le preguntara por el porche, la ubicación, la chimenea, la parrillera o el alquiler, el celular podría quedarse en su bolsillo.







0 Comentarios