Era Un Sueño Muy Romántico… Hasta Que Alguien Ahogó el Tomillo

Era Un Sueño Muy Romántico… Hasta Que Alguien Ahogó el Tomillo

Vocabulario:

 

    1. Sombrero: Pieza para cubrir la cabeza y protegerse del sol o por moda.
    2. Terraza: Espacio abierto en la parte superior o lateral de un edificio, ideal para descansar o plantar.
    3. Vecinos: Personas que viven cerca, generalmente en el mismo edificio o barrio.
    4. Por supuesto: Expresión que significa “claro” o “sin duda”.
    5. Balcón: Plataforma pequeña que sobresale de una pared exterior, con baranda.
    6. Ruega: Forma de pedir algo con respeto o insistencia.
    7. Rabietas: Reacciones de enojo o disgusto, generalmente exageradas o infantiles.
    8. Repisa: Estante pequeño fijado a la pared para colocar objetos.
    9. Ascensor: Máquina que transporta personas o cosas entre pisos de un edificio.

    Las Hierbas Aromáticas

    ¡Hola! ¿Cómo estás?

    Hoy quiero contarte una historia que empieza con mucha ilusión, tiene un momento medio caótico y termina con un final feliz… con olor a albahaca, romero y hierbabuena.

    Vivo en un apartamento en Curitiba y cuando lo visité por primera vez, lo que más me enamoró fue el huerto comunitario en la terraza. Sí, sí, ya me imaginaba yo: con sombrero de paja, regadera en mano y plantitas creciendo felices gracias a mis cuidados y al amor de los vecinos por la agricultura urbana.

    Spoiler: no fue exactamente así.

    La ilusión duró poco. Porque pronto descubrí que mis vecinos no se ponen de acuerdo ni para regar un orégano. Hubo una discusión (por WhatsApp, por supuesto) que fue el final de mi fantasía. La transcribo aquí —con ligeros toques ficticios, pero basada en hechos reales:

    Vecina Carla: Buenas tardes. ¿Alguien sabe quién regó DEMÁS mi plantita de tomillo? ¡La ahogaron!

    Sr. Claudio: No fue nadie. La lluvia también riega, ¿sabías?

    Vecino Leo: Si la hubieras plantado en tu balcón como yo, no te pasaría eso.

    Vecina Carla: ¡Pues si cada uno hace lo que quiere, esto no es un huerto, es un caos!

    Administrador: Buenas tardes. Se ruega mantener el respeto y no plantar nada que crezca demasiado. Como el ego.

    Vecina Carla: ¡Con eso te refieres a mí, ¿verdad?!

    [mensajes eliminados]

    [silencio incómodo]

    Ahí entendí que si yo me ponía a plantar con amor y esmero, lo único que iba a cosechar eran rabietas vecinales.

    Pero como no soy de rendirme tan fácil (y sí, como buena venezolana, creo que siempre hay una solución con buen humor), bajé mis expectativas y subí una repisa en la ventana de la lavandería. Ahora tengo allí mi mini-huerto privado: perejil, cilantro, albahaca, hierbabuena y romero.

    No necesito más.

    Las hierbas me alcanzan para darle sabor a mis comidas.
    No discuto con nadie (bueno… salvo con una que otra hoja que se pone amarilla).
    Y sigo saludando a mis vecinos en el ascensor con una sonrisa.

    ¿Y tú? ¿Alguna vez tuviste que adaptar un sueño a la realidad? Cuéntame en los comentarios. Y no olvides: si la vida te da vecinos problemáticos… ¡planta tu huerto en la ventana!

    Actividad de vocabulario

    Actividad de comprensión de lectura

    La Divertida Confusión Lingüística De Victor En Una Reunión Muy Seria

    La Divertida Confusión Lingüística De Victor En Una Reunión Muy Seria

    Vocabulario:

     

    1. Cierre: acto de terminar o clausurar algo.
    2. Vino: forma del pasado del verbo venir. 
    3. Vaya: expresión que se usa para mostrar sorpresa, asombro o a veces decepción.
    4. Sonrisa: gesto de alegría o simpatía que se hace al curvar los labios.
    5. Pícara: persona con actitud traviesa, astuta o juguetona.
    6. Hueco: espacio vacío dentro de algo o sensación de vacío en el estómago por nervios.
    7. Chiquillo: forma coloquial de decir niño o muchacho pequeño.
    8. Carcajada: risa fuerte y espontánea.
    9. Acercó: pasado del verbo acercar, significa moverse o poner algo más cerca.
    10. El Chavo del Ocho: famosa serie cómica mexicana sobre un niño pobre y travieso que vive en una vecindad, conocida en Brasil como “Chaves”.

      ¿Te imaginas estar en una sala de reuniones, rodeado de empresarios experimentados, dueños de compañías enormes, todos con cara seria, mientras tú —un joven brasileño licenciado en administración de empresas— tienes que proponer el cierre de departamentos y el despido de un montón de empleados para evitar la quiebra? Pues así, con el corazón en la mano, estaba mi alumno Victor.

      Era una reunión crucial con inversionistas y directores de México. La empresa donde Victor trabaja no estaba pasando por su mejor momento y había llegado la hora de tomar decisiones duras. Él preparó su presentación con gráficos, números y argumentos impecables. Hasta ahí, todo bajo control.

      El problema vino cuando empezó a hablar en español…

      —Bueno, señores —empezó Victor con seguridad—, el problema principal es que algunos contratos no han sido desenvolvidos correctamente, y eso ha generado varios retrasos. Además, hay ciertas cuestiones que simplemente no se han resolvido, lo cual ha complicado el panorama.

      Hizo una breve pausa, miró sus gráficos y continuó:

      —Por último, esto ha rompido por completo el flujo de caja, dejándonos en una situación crítica que requiere medidas urgentes.

      Los empresarios mexicanos se miraban entre sí con expresiones raras, como pensando:

      —¿“Desenvolvidos”? ¿“Resolvido”? ¿“Rompido”?


      Quizás hasta esperaban que soltara un “morido” en cualquier momento.

      Pero Victor, confiado, pensaba:

      ¡Vaya! Los estoy dejando impactados. Seguro no habían analizado el problema desde este ángulo…

      Hasta que uno de los empresarios cruzó los brazos, se recostó en su silla y le dedicó una sonrisa pícara. En ese instante, Victor sintió un hueco en el estómago:

      —¿Será que me está viendo como un chiquillo que no tiene idea de lo que dice?

      Y cuando otro empresario soltó una carcajada, Victor se quedó completamente desconcertado.

      No fue sino hasta el receso, cuando la joven que les llevaba el café —una mexicana muy simpática— se le acercó con una sonrisita pícara, que Victor entendió qué estaba pasando.

      —Disculpe, licenciado —dijo ella bajito, casi en secreto—, ¿le puedo decir algo sin que se ofenda?

      —Claro… —respondió Victor, con el corazón acelerado.

      —Es que cuando usted dice “resolvido” o “rompido”… suena como el Chavo del Ocho. ¡Por eso se rieron! No fue por sus cifras ni por sus gráficos, se lo juro.

      Victor se llevó una mano a la frente y soltó un suspiro aliviado. Por un momento pensó que había dicho alguna barbaridad financiera que lo dejaría marcado para siempre.

      —¡Vaya! Muchas gracias por decírmelo —le dijo, con una sonrisa agradecida que le salió del alma—. Entonces es “resuelto” y “roto”, ¿verdad?

      —Exactamente —respondió ella con un guiño—. Y “desarrollado”, en lugar de “desenvolvido”. Pero tranquilo, usted se explica clarísimo… solo que esos verbos hicieron reír a medio mundo.

      De regreso en la sala, Victor respiró profundo y decidió enfrentarlo con humor.

      —Antes de continuar —dijo, mirando a todos con una sonrisa—, quiero hacer una pequeña corrección. Lo que quise decir fue que algunos contratos no habían sido desarrollados adecuadamente, ciertos problemas no se habían resuelto, y esto había roto el equilibrio financiero.

      Hizo una pequeña pausa dramática, y añadió:

      —¡No “desenvolvidos”, “resolvido” ni “rompido”, como diría el Chavo!

      Los empresarios soltaron unas carcajadas francas, y el ambiente se relajó por completo. A partir de ahí, la reunión fluyó mucho mejor.

      Ese día, Victor aprendió que en español, los participios pasados pueden parecer un simple detalle, pero ¡vaya que cambian la impresión que causas!

      ¿Y tú? ¿Alguna vez dijiste algo en otro idioma que terminó causando carcajadas?
      ¡Cuéntame en los comentarios! Y no se te olvide compartir esta historia con otros brasileños que están aprendiendo español… para que no terminen “moridos” de la vergüenza. 

      ¡Chao!

      Actividad de vocabulario

      Actividad de comprensión de lectura

      La Abuela Remedios y Su Nieto Médico

      La Abuela Remedios y Su Nieto Médico

      Vocabulario:

       

        1. Jarabe:  Medicina líquida, dulce, que se toma con cuchara.
        2. Picazón: Sensación que hace que quieras frotar la piel con las uñas.
        3. Té: Bebida caliente hecha con hojas o hierbas en agua.
        4. Manzanilla: Flor pequeña usada para hacer té que calma el estómago.
        5. Hierbabuena: Planta verde con olor fresco de menta, buena para el estómago y el aliento.
        6. Dolor: Sensación molesta en el cuerpo o en alguna parte.
        7. Sábila: Planta (aloe vera) con gel adentro que se usa en la piel.
        8. Rascándose: Pasando las uñas por la piel para aliviar la picazón.

        En mi familia hay un dicho que mi abuela repite como un mantra:
        “Más sabe el diablo por viejo que por diablo.”

        Y vaya que lo aplica.
        Porque mi abuela tiene remedios caseros para absolutamente TODO.
        Dolor de cabeza, torcedura, picazón, mal de amores… ¡lo que sea!
        Siempre aparece con alguna hierba mágica o un jarabe que, según ella, es infalible.

        Lo más gracioso es que mi primo —su nieto— es médico. Un médico de bata blanca, estetoscopio y palabras difíciles. Pero cada vez que viene de visita y alguien se queja de un dolor, la abuela se mete en la conversación con la cara más seria del mundo:

        —¿Te duele la barriga? Eso no se cura con esas pastillas raras. Ven, toma este de manzanilla con hierbabuena. Y nada de azúcar, ¿eh? Que eso mata el remedio.

        Mi primo pone los ojos en blanco, pero al final termina callado. Porque, no sé cómo, el dolor siempre se va. Quizá sea la manzanilla, quizá la fe… o quizá el susto de contradecir a la abuela.

        El otro día, yo tenía la piel toda irritada por el sol. Mi primo me recomendó una crema carísima que traía en su maletín, pero la abuela lo apartó con un manotazo:

        —¡Quítate con tus químicos! Unta sábila directo de la planta, deja que se seque, y listo.

        ¿Y adivinen qué? Al día siguiente, mi piel estaba casi perfecta. El pobre médico terminó rascándose la cabeza, murmurando algo sobre “placebo”.  Pero la abuela solo sonrió, se acomodó el delantal y soltó su frase triunfal:

        —¿Ves, mijo? Más sabe el diablo por viejo que por diablo.

        … ¿Y tú? Cuéntame en los comentarios: ¿qué remedio casero infalible tiene tu familia?.

        ¡Nos vemos!

        Actividad de vocabulario

        Actividad de comprensión de lectura

        ¡Qué Clima Tan Loco! Historias De Un Grupo De WhatsApp

        ¡Qué Clima Tan Loco! Historias De Un Grupo De WhatsApp

        Vocabulario:

        1. Acurrucada: Estar hecha bolita o encogida para sentir más calor o comodidad.
        2. Despejado: Cuando el cielo está claro, sin nubes.
        3. Trueno: El sonido fuerte que se escucha después de un relámpago durante una tormenta.
        4. Gazpacho: Sopa fría hecha con tomate, pepino y pimientos, típica de España.
        5. Chaqueta: Ropa que cubre el torso y los brazos, usada para protegerse del frío.
        6. Pileta: Piscina. 
        7. Tronó: Forma del verbo tronar, significa que sonó un rayo.
        8. Calentamiento global: Aumento de la temperatura media del planeta por causa de la contaminación y los gases que atrapan el calor.

          Hace unos días estaba acurrucada con Lulú en el sofá, envueltas en mantas como si fuéramos dos burritos mexicanos, cuando leí en el celular:
          📢 “Julio ha sido el mes más caluroso registrado en la historia del planeta.”

          —¿Caluroso? —le dije a Lulú, mientras ella me miraba con cara de no siento ni la punta de la nariz.
          Porque aquí en Curitiba, en este julio de 2025, llegamos a -5º de sensación térmica. ¡Jamás habíamos estado en un lugar tan frío!

          Para colmo, el otro día el cielo estaba completamente despejado, sin una sola nube, y aun así hacía un frío que calaba los huesos. En cambio, la semana pasada escuchamos un trueno tan fuerte en mitad de la noche, que hasta Lulú saltó del susto… ¡y eso que no hubo tormenta después!

          Con toda esa confusión climática, abrí el grupo de WhatsApp de amigos venezolanos, que están dispersos por el mundo, y les pregunté:

          “¿Cómo está el clima por allá? ¿Hace calor, frío, llueve fuego o caen pingüinos del cielo?”

          Y estas fueron algunas respuestas que me llegaron:

          España

          “Aquí en Valencia no sabemos si abrir o cerrar las ventanas. Si las abrimos, entra aire caliente; si las cerramos, parece un horno. Al final, terminamos tomando gazpacho helado para sobrevivir.”

          México

          “En Guadalajara hasta los cactus están pidiendo agua. Mi tía le pone sombrilla a sus plantas para que no se quemen.”

          Chile

          “Aquí en Santiago andamos con chaquetas hasta para ir a la cocina. Este invierno llegó con ganas.”

          Argentina

          “En Buenos Aires hace un frío tremendo. Los chicos ya no usan la pileta; ahora parece un enorme balde de hielo.”

          Colombia

          “En Medellín, que siempre fue la ciudad de la eterna primavera, ahora tenemos días despejados que parecen verano, pero con lluvias locas que se lanzan cuando menos lo esperas. El otro día tronó tan fuerte que pensé que se venía el mundo abajo.”

          Venezuela

          Mi mamá dice que antes por las tardes siempre soplaba un poco de viento, pero ahora ni eso. Se toma jugo bien frío todo el día para intentar refrescarse.

          Y así, entre mensajes, emojies y stickers, entendí que el calentamiento global no es solo calor o frío: es un desorden total que se siente en cada rincón del planeta, aunque no siempre de la misma forma.

           ¿Y tú? ¿Qué clima está haciendo donde vives? ¿Tienen alguna frase o chiste típico para hablar del frío o del calor? ¡Cuéntamelo en los comentarios!
          Y no te olvides de compartir este post con tus amigos que estudian español… ¡o con esos que siempre se quejan del clima, para que vean que no están solos!

          ¡Hasta la próxima!

          Actividad de vocabulario

          Actividad de comprensión de lectura

          Lucas, La Mochila Verde Y El Secreto De Ramona

          Lucas, La Mochila Verde Y El Secreto De Ramona

          Vocabulario:

           

            1. Carpeta: Objeto para guardar y organizar papeles.
            2. Viernes: Día de la semana. Es el quinto día hábil, antes del sábado.
            3. Botella: Recipiente (de plástico o vidrio) que sirve para llevar líquidos, como agua.
            4. Gorra: Prenda deportiva que se usa en la cabeza para protegerse del sol.
            5. Bocadillo: Comida pequeña o ligera como un sándwich.
            6. Marcador: Lápiz grueso que pinta fuerte, usado para escribir o subrayar.
            7. Despistado: Persona que se olvida fácilmente de las cosas o no presta atención.
            8. Investigación: Acción de buscar información o resolver un misterio.
            9. Bolsillo: Parte de la ropa o de una mochila donde se pueden guardar cosas pequeñas.
            10. Rama: Parte del árbol que sale del tronco, donde se posan animales como aves o iguanas.

            ¡Hola! ¿Qué tal?

            Soy la profesora Albanys. 

            En esta historia vamos a acompañar a Lucas y a su clase en una excursión escolar muy especial. Todo parece normal, hasta que su bocadillo desaparece misteriosamente. ¿Dónde está? ¿Quién lo tomó?

            Desde que sonó la campana esa mañana, algo en el aire decía que ese viernes sería especial.

            La clase estaba llena de energía. Iban de excursión al parque ecológico de la ciudad y nadie podía quedarse quieto. La profesora Marta, con su carpeta en la mano, trataba de mantener el orden.

            —¡A ver, mochilas al suelo! Vamos a revisar. Recuerden traer su botella de agua, una gorra y su bocadillo —decía mientras marcaba la lista con su marcador azul.

            Lucas, un niño despistado y con mucha imaginación. Tenía una mochila verde con un dinosaurio sonriente y un bolsillo que nunca cerraba bien. Durante el camino, hablaba sin parar:

            —¿Ustedes sabían que las iguanas pueden nadar? ¿Y que hay tortugas que viven más de cien años? Yo quiero ver un dragón, pero de verdad… —decía, sin importarle si alguien le respondía.

            Después de una caminata bajo el sol, el grupo llegó a una zona con árboles altos, bancos de madera y sombra generosa. Todos se sentaron en círculo para almorzar. Lucas abrió su mochila… y su cara cambió.

            —¡No está! ¡Mi bocadillo desapareció!

            Hubo un pequeño silencio y luego un murmullo general.

            —¿Seguro que lo trajiste?
            —¿Lo comiste en el autobús?
            —¿Lo pusiste en el bolsillo grande?

            Lucas negó con la cabeza.
            —¡Estaba ahí! ¡Yo lo vi esta mañana!

            La profesora Marta propuso una pequeña investigación. Todos ayudaron a revisar, como detectives escolares. Lucas vació su mochila: una servilleta arrugada, su botella medio vacía, una piedra con forma de corazón, un lápiz sin punta… y, finalmente, en el bolsillo pequeño, apareció el bocadillo.

            Lucas lo levantó en alto y dijo:

            —¡El dinosaurio me lo escondió!

            Las risas fueron inmediatas. El misterio había sido resuelto.

            Pero la verdadera sorpresa llegó después. Ya con el estómago lleno, visitaron la zona de los reptiles. El guía, un señor con sombrero de safari, les mostró serpientes, tortugas y finalmente una iguana de color verde intenso, sentada muy quieta sobre una rama.

            —Esta es Ramona —dijo—. Fue rescatada hace unos meses y se ha adaptado muy bien.

            Lucas se quedó congelado. Dio un paso adelante con los ojos bien abiertos.

            —¡Es ella! ¡Es Ramona! ¡Mi iguana!

            El grupo entero lo miró, y la profesora frunció el ceño.

            —¿Cómo que tu iguana?

            Lucas bajó la voz.

            —Es un secreto. El año pasado la cuidamos en casa por unos días. Mi tío trabaja aquí, y me dejó ayudar… pero solo un poco. Ella y yo… nos hicimos amigos.

            La profesora sonrió. El guía también. Ramona, como si entendiera, giró la cabeza muy despacio hacia Lucas.

            Desde ese día, Lucas no solo fue el niño de la mochila verde. Fue también, para todos, el amigo de la iguana.

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            Actividad de vocabulario

            Actividad de comprensión de lectura